Historia del Lunes
Por Raúl Ruiz
Conocí a Ernesto Ruffo Appel en 1991.
Su gobierno, el primero encabezado por un panista a nivel nacional, cumplía la mitad de su mandato.
La primera vez que lo vi capturé una impresión personal que se me ha quedado desde entonces, sobre su persona:
Era un personaje notablemente inteligente, dotado de una sensibilidad especial para comunicarse con la gente, sencillo y sin falsas presunciones, pero sobre todo de unas firmes convicciones democráticas, con todo lo que eso significaba.
Lo vi cuando fue a votar ese verano mexicalense de 1991 en una casilla instalada en las inmediaciones de la Casa de Gobierno.
Llegó acompañado de quien todavía en ese tiempo era su esposa, Margarita.
Como fue toda su administración, Ruffo era un estuche de monerías: Desplegaba novedades derivadas de una gran capacidad de innovación, tanto en la gestión de su gobierno como en la línea de contención contra el Gobierno Federal que acosaba a su administración.
El entonces Presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, había sido doblado por las circunstancias políticas y la presión de Estados Unidos para aceptar el arrollador triunfo obtenido en las urnas, pero su gabinete no simpatizaba con la idea de cederle espacio en su gestión de Gobierno.
Y ese día, cuando el entonces Registro Estatal Electoral debuta con la primera credencial de elector con fotografía el factor novedad convirtió esa elección en un foco de gran atención.
Todo mundo, a nivel local y nacional, e incluso internacional, querían ver si el experimento social iniciado, con gran audacia y valentía por Ernesto Ruffo y sus asesores políticos, funcionaría.
Ruffo Appel se presentó esa mañana de domingo de julio a votar y lo hizo con su credencial de elector con fotografía
El hecho estuvo antecedido de una referencia que involucró a Salinas y a Fernando Gutiérrez Barrios (QEPD), su entonces Secretario de Gobernación, y que Ruffo platicaba con detalles:
Estando en una reunión en Los Pinos, en la Ciudad de México, Ruffo Gobernador presentó la credencial a Salinas y éste invitó a Gutiérrez Barrios a la reunión tras el anuncio.
Y sólo fue para decirle: “Ya vez que sí se podía”, en alusión a que Gutiérrez Barrios le habría dicho al Presidente que no se podía fabricar y operar una credencial de elector con fotografía que fuera viable.
El Gobierno de Ruffo así era:
Proactivo en todos los frentes, en lo político, pero también en lo social y económico.
Eso lo llevaba a tener una constante tensión entre actores del viejo régimen que se negaban a perder privilegios.
Aunque inició una “cacería” contra los anteriores representantes que estorbaban el avance del Estado, no se detuvo en ello, y se enfocó en construir nuevos modelos para un nuevo régimen.
Como periodista tuvimos la oportunidad de no sólo “cubrir” la información de su fuerte, sino conocer de cerca al personaje que estaba detrás del Gobierno.
Había ganado con casi el 50% de los votos totales y eso le dio una legitimidad que utilizó para convertirla en una base social indestructible que validaba sus acciones.
Era un personaje calificado no sólo con una alta simpatía social, sino evaluado como honesto, íntegro, valiente y comprometido con su palabra.
Su gobierno, como ocurre siempre, no fue perfecto.
Pero en medio de los escándalos de inseguridad (galopante siempre en la entidad por el crimen organizado), de algunos malos funcionarios y de yerros propios, siempre lo salvó el alto nivel de confianza de la ciudadanía en su persona.
Había sido un buen Alcalde de Ensenada y ahora era un buen Gobernador.
Después siguió en la política como Senador y diputado federal.
Siempre del PAN.
En los últimos años se mantuvo con el perfil empresarial que lo vio nacer a la vida pública y en eso estaba cuando lo acusan y luego detienen por estar presuntamente involucrado en una red de “huachicol fiscal” a gran escala.
La noticia, por el perfil del personaje, sacudió la escena pública y conmocionó a la clase política.
Después de haber dejado sus cargos públicos ocasionalmente me tocó saludarlo: Siempre sencillo, siempre abierto, siempre certero sobre el análisis rápido del acontecer público y político.
Hay muchas anécdotas que involucran a Ruffo, algunas pintorescas, pero la mayor parte necesarias para comprender la profundidad del quehacer político regional y nacional.
En ellas y en su quehacer siempre tuve la impresión de estar frente a un personaje honesto, alejado de la frivolidad política y pública.
Ahora que veo que lo han detenido sigo pensando lo mismo.
El tiempo, como siempre, deberá poner las cosas en su lugar.