EL ANÁLISIS DE LA IA
Durante décadas, tener hijos fue presentado como parte natural del proyecto de vida: estudiar, conseguir empleo, casarse, comprar una casa y formar una familia. Para una parte creciente de los jóvenes mexicanos, esa secuencia dejó de ser una certeza. Hoy tener hijos es una decisión que se piensa, se pospone o, cada vez más, simplemente se descarta.
No se trata únicamente de un cambio cultural. Detrás de esta transformación hay una combinación de economía, vivienda, empleo, nuevas prioridades personales y una profunda modificación en la manera de entender la familia.
Los datos muestran que el cambio es real. En 2024 se registraron en México 1.67 millones de nacimientos, y la tasa de nacimientos registrados por cada mil mujeres de 15 a 49 años cayó 4.5 puntos respecto al año anterior, hasta 47.7.
El costo de formar una familia pesa. Comprar una vivienda se ha convertido en una meta cada vez más difícil para muchos jóvenes. En 2025, el precio promedio de una vivienda adquirida mediante crédito hipotecario fue de casi 1.86 millones de pesos y el valor de los inmuebles residenciales aumentó 8.7% durante el año.
A eso se suman empleos inestables, jornadas extensas, servicios de cuidado insuficientes y la percepción de que criar a un hijo exige recursos económicos que muchas parejas no tienen.
Pero sería un error explicar todo desde la pobreza.
También existe una transformación cultural. Para nuevas generaciones, la realización personal puede estar relacionada con viajar, estudiar, emprender, desarrollar una carrera, mantener independencia económica o simplemente vivir sin asumir la responsabilidad de criar.
El problema aparece cuando una decisión individual comienza a convertirse en un fenómeno demográfico.
México está envejeciendo rápidamente. En 2024 había alrededor de 16.5 millones de personas de 60 años o más, equivalentes a 12.4% de la población. CONAPO estima que para 2040 serán unos 28 millones, cerca de una quinta parte del país.
Y el proceso continuará. Las proyecciones oficiales señalan que México podría alcanzar su máximo poblacional alrededor de 2053, con unos 147 millones de habitantes, para después comenzar un descenso.
La pregunta, entonces, no es si los jóvenes deben tener hijos. La decisión pertenece a cada persona.
La verdadera pregunta es si México está preparando el país para una sociedad donde habrá menos niños y más adultos mayores.
Eso implica replantear pensiones, salud, vivienda, cuidados, empleo y productividad. También significa abandonar la idea de que una familia numerosa resolverá automáticamente el futuro.
La nueva generación quizá no esté rechazando la familia. Está redefiniendo qué significa formar una.
Y México tendrá que adaptarse a esa nueva realidad antes de que la pirámide poblacional termine de cambiar.
IMPORTANTE: El análisis presentado es resultado de una consulta a la Inteligencia Artificial.