EL ANÁLISIS DE LA IA

México está dejando atrás, aceleradamente, aquella imagen de un país joven. El cambio demográfico ya no pertenece a los pronósticos lejanos: está ocurriendo. En 2025 había alrededor de 17.1 millones de personas de 60 años o más, equivalentes al 12.8% de la población. Para 2050, la cifra podría alcanzar 33.4 millones, cerca de una quinta parte del país.

El dato más revelador quizá sea otro: de acuerdo con proyecciones de Conapo, para 2050 las personas adultas mayores representarían 24.1% de la población, mientras los menores de 15 años serían 17.5%. Es decir, la estructura poblacional que durante décadas sostuvo el crecimiento económico mexicano estará profundamente transformada.

Y aquí aparece la pregunta incómoda: ¿quién pagará las pensiones del futuro?

No se trata solamente de cuánto dinero recibirá cada jubilado, sino de cuántas personas estarán trabajando, cotizando y pagando impuestos para sostener un sistema que tendrá cada vez más beneficiarios. La OCDE advierte que el envejecimiento ejercerá una presión creciente sobre los sistemas de pensiones y las finanzas públicas. En el caso mexicano, además, la informalidad laboral representa un obstáculo para ampliar la cobertura contributiva.

México ya está respondiendo con distintos instrumentos. La Pensión para el Bienestar garantiza un ingreso para las personas mayores de 65 años, mientras el Fondo de Pensiones para el Bienestar complementa determinadas pensiones de trabajadores bajo el régimen de cuentas individuales. En 2026, el IMSS reportó que más de 7 mil personas habían recibido complementos mediante este fondo desde su creación.

Pero una política social no puede descansar únicamente en aumentar los apoyos conforme crece la población beneficiaria. El verdadero desafío consiste en construir una economía capaz de financiar la longevidad.

Eso implica más empleo formal, mejores salarios, mayor productividad, ahorro para el retiro, incorporación de trabajadores independientes a la seguridad social y una estrategia fiscal de largo plazo. También significa preparar al país para una sociedad donde habrá más personas jubiladas y menos jóvenes proporcionalmente.

Envejecer es un triunfo de la sociedad, porque significa vivir más. El problema sería llegar a ese futuro sin haber construido los recursos para vivir dignamente.

La pregunta, entonces, no debería ser únicamente quién pagará las pensiones. México debe preguntarse desde ahora qué país quiere financiar para sus adultos mayores de 2050, 2060 y 2070. El futuro todavía no llega, pero la cuenta demográfica ya comenzó.

IMPORTANTE: El análisis presentado es resultado de una consulta a la Inteligencia Artificial.

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