MEJORA TU VIDA
Por Claudia C. Rosas

Hay relaciones que no terminan cuando dejan de hacernos bien. Continúan por esperanza, miedo, dependencia, costumbre o porque todavía existe la expectativa de que algo cambie. Y mientras se espera ese cambio puede ocurrir algo más silencioso: la persona empieza a cambiar para poder permanecer.
Aprende qué decir y qué callar, qué preguntar y qué evitar. Mide palabras, interpreta silencios, anticipa reacciones y justifica conductas que antes habría considerado inaceptables. Después de una descalificación puede pensar: “quizá exageré”; después de un silencio utilizado como castigo: “mejor no hubiera dicho nada”; frente a los celos: “lo hace porque le importo”. Poco a poco, la pregunta deja de ser “¿esto que está haciendo está bien?” y se transforma en “¿qué hice yo para provocar esta reacción?”.
Ahí puede comenzar una pérdida silenciosa de autonomía. Controlar a alguien no siempre significa prohibirle salir de una casa. A veces el control ha avanzado tanto que la persona comienza a limitarse sola: piensa qué decir, qué callar, a quién llamar o qué hacer para evitar la reacción del otro. El control externo empieza entonces a convertirse en autocensura.
El maltrato psicológico puede extenderse al dinero, las amistades, los horarios, la forma de vestir, el afecto y la sexualidad. Presionar, insistir, chantajear o castigar emocionalmente ante una negativa sexual también vulnera la autonomía: el consentimiento no desaparece por existir matrimonio, noviazgo o convivencia. Y el poder no siempre pertenece a quien tiene más dinero, estudios o posición. A veces lo tiene quien posee aquello que el otro cree que necesita: una vivienda, estabilidad, una promesa, una oportunidad o un documento.
Esto adquiere una dimensión particular en algunos procesos migratorios, incluso antes de que la persona haya migrado. Una petición, una firma o la promesa de “arreglar los papeles” puede convertirse en instrumento de condicionamiento. Cuando además existen diferencias culturales, pueden encontrarse distintas formas de entender la pareja, la familia, los roles de género o la autonomía. No porque una cultura produzca violencia, sino porque puede influir en cómo se interpreta y cuánto tarda en reconocerse una conducta de control.
Cuando una relación empieza a mezclarse con el miedo a perder estabilidad, una promesa, una oportunidad o incluso un proyecto de vida, reconocer el control puede volverse mucho más difícil. No siempre se permanece porque no se vea lo que está ocurriendo; a veces se permanece porque aceptar esa realidad también obliga a mirar todo lo que podría cambiar si se deja de sostenerla.
Y mientras todo esto ocurre, la persona puede dejar de colocarse a sí misma como referencia. No necesariamente porque considere que su tiempo o su vida valen menos, sino porque gran parte de su energía está puesta en sostener la relación, comprender al otro, evitar conflictos o recuperar la tranquilidad. Ya no pregunta primero: ¿qué quiero?, ¿qué necesito?, ¿cómo quiero vivir? Quizá mucho después aparece una pregunta esencial: ¿en qué momento mi propia vida dejó de ocupar el centro de mis decisiones?
Lo que a veces se vive en silencio o se termina normalizando tiene consecuencias reales. La Organización Mundial de la Salud reconoce el maltrato psicológico y las conductas de control como formas de violencia de pareja, y las relaciona con ansiedad, depresión, problemas de sueño y síntomas de estrés postraumático. No es un fenómeno aislado: datos recientes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) muestran que una proporción importante de mujeres y hombres ha vivido agresión psicológica dentro de una relación. Por eso hoy se insiste cada vez más en mirar estas experiencias desde una perspectiva informada por trauma: no preguntarnos únicamente “¿por qué no se va?”, sino también “¿qué ha tenido que hacer para adaptarse y poder seguir funcionando?”.
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Continuará: Parte II — Lo que el miedo sostenido también hace en el cerebro
La autora es Licenciada en Psicología | Docente universitaria
Mtra. en Psicología Familiar
Mtra. en Neuropsicología
Psicoterapia clínica, familiar y de pareja
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