EL ANÁLISIS DE LA IA

Hay una pregunta que México debería hacerse con mayor seriedad: ¿quién está educando a nuestros jóvenes cuando el algoritmo tiene más influencia que la escuela?

No se trata de afirmar que TikTok, YouTube o Instagram sustituyeron al maestro. El problema es más profundo: estas plataformas se han convertido en espacios donde millones de adolescentes y jóvenes aprenden qué pensar, qué comprar, cómo vestir, qué música escuchar, qué causas apoyar y hasta qué considerar verdadero.

México es ya una sociedad profundamente digital. El INEGI reportó que en 2025 86.1% de la población de seis años y más utilizaba internet, frente a 57.4% en 2015. Y el fenómeno no es exclusivamente de entretenimiento. En 2023, 73.6% de los adultos urbanos consultados por el INEGI dijo utilizar las redes sociales para enterarse de asuntos políticos y de actualidad, por encima de la televisión, con 63.9%.

Eso significa que las redes ya forman parte del proceso mediante el cual los mexicanos construyen opiniones.

El problema aparece cuando el algoritmo comienza a decidir qué merece nuestra atención. Un adolescente puede entrar a TikTok para ver un video de música y terminar consumiendo, durante horas, contenidos sobre política, nutrición, sexualidad, religión, conspiraciones o violencia, sin distinguir necesariamente entre información comprobada, opinión, publicidad y propaganda.

Y ahí está uno de los grandes desafíos educativos del siglo XXI: enseñar no solamente a leer, sino a interpretar lo que aparece en una pantalla.

El propio INEGI modificó en 2025 su medición de hábitos lectores para incluir a la población desde los 12 años y registrar específicamente la lectura en redes sociales. Ese año, 83.5 millones de personas declararon leer contenidos en redes sociales.

Las plataformas, además, no son neutrales. Están diseñadas para mantener la atención. La UNESCO ha advertido sobre los efectos de los contenidos algorítmicos en el bienestar, la autoestima y los hábitos de aprendizaje, y ha señalado que el formato de gratificación inmediata de TikTok puede dificultar la concentración prolongada.

Pero sería un error convertir a las redes en el enemigo.

TikTok puede explicar historia en 60 segundos. YouTube puede enseñar matemáticas, idiomas o programación. Instagram puede acercar a un joven al arte, la ciencia o la cultura. El problema no es la herramienta, sino quién enseña a utilizarla y con qué criterio.

México necesita una nueva alfabetización: digital, mediática y algorítmica. Los jóvenes deben aprender a preguntarse quién produjo un contenido, quién lo financia, qué evidencia presenta y por qué el algoritmo decidió mostrárselo.

La escuela tampoco puede competir con TikTok intentando convertirse en TikTok. Su función debería ser justamente la contraria: enseñar a pensar cuando todo alrededor está diseñado para provocar una reacción inmediata.

Porque quizá el verdadero riesgo no sea que nuestros jóvenes pasen demasiado tiempo frente a una pantalla.

El riesgo mayor es que pasen años frente a ella sin preguntarse quién está eligiendo lo que ven.

IMPORTANTE: El análisis presentado es resultado de una consulta a la Inteligencia Artificial.

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